viernes, 28 de octubre de 2011

Estatuilla fenicia

En octubre suele abrirse el ciclo dedicado a “La pieza del mes” en el Museo de Cádiz. En octubre, pero de 2008, lo inauguró Luis Carlos Zambrano Valdivia, licenciado en Bellas Artes y Restaurador del Museo de Cádiz, que nos habló de los bronces fenicios hallados en Sancti Petri y la problemática relacionada con la conservación de los objetos arqueológicos. Concretamente, estas estatuillas de bronce se caracterizan por una serie de alteraciones causadas por su permanencia bajo el mar durante más de dos mil años. En el año 1996 se les aplicó un tratamiento de conservación para atajar los problemas de corrosión, lo que supuso una excelente oportunidad para el estudio de las piezas.

Este conjunto de bronces fenicios, fruto de un hallazgo casual en la década de los ochenta del pasado siglo en el entorno del islote de Sancti Petri, se ha convertido en uno de los más importantes referentes arqueológicos del Museo de Cádiz y sus piezas son demandadas para exposiciones por todo el mundo. Cronológicamente se sitúan en el siglo VII a.C., dentro de un contexto cultural fenicio.

Concretamente la que he seleccionado formó parte de la magnífica exposición “Argantonio, Rey de Tartessos” que en el año 2000 recorrió varias ciudades españolas. Este bronce representa a una figura masculina erguida en actitud de marcha frontal, vestida únicamente con un faldellín que le cubre hasta la rodilla, con una abertura al frente. Como Osiris, porta la corona Atef, que es la tiara que representa el alto Egipto, flanqueada por plumas. Bajo el pie que conserva, se puede apreciar el saliente destinado a sujetarla en un pedestal.

Nos encontramos con una iconografía egipcia para la representación de una divinidad identificada por Melqart debido a que apareció en las aguas que rodean el islote de Sancti Petri, lugar que tradicionalmente se ha interpretado como el enclave del templo de Hércules en Gadir. Probablemente sería una ofrenda a dicho templo, un exvoto que tendrían un uso ritual.

En la página web del Museo de Cádiz esta pieza aparece como una de las seleccionadas en el apartado "Obras singulares" y comenta el culto practicado en este santuario; ...lleno de elementos netamente fenicios. Uno de ellos era la ausencia de imagen propia del dios, cuyos atributos se personificaban en la iconografía de otras divinidades de tipo egipcio (Osiris) y sirio (Reshef). Melqart adquiere así un carácter funerario, similar al Osiris egipcio, como divinidad que muere y resucita. A decir del historiador romano Justino, la fama del templo gaditano se debía en buena parte a que conservaba las cenizas del cuerpo mortal de "Hércules".

La figura es de bronce macizo elaborado a la cera perdida. La técnica escultórica de la cera perdida es un proceso de fundición que sirve para obtener figuras en metal, generalmente bronce, por medio de un molde. Como el metal no se puede trabajar directamente en escultura, se necesita un molde que se elabora a partir de una figura hecha en cera. Esta figura se rodea con una gruesa capa de material blando que se solidifica. Una vez endurecido se mete en un horno que derrite la figura de cera, saliendo ésta por unos orificios creados al efecto -de ahí su denominación- y en su lugar se vierte el material fundido (colado) que adopta la forma exacta del modelo. Las figuras pequeñas, como este caso, pueden ser de bronce macizo, pero si la escultura fuera de mayor tamaño la técnica presentaría algunas variantes para que no tuviera mucho peso y disminuir la cantidad de metal en su realización.
Aunque me he centrado más en la técnica, durante la charla se trató desde el estudio tecnológico de las piezas hasta el análisis de las alteraciones que han sufrido, pasando por los tratamientos aplicados.

Ya me gustaría que todas estas charlas tan interesantes quedaran reflejadas con más propiedad en alguna publicación que recogiera todas las conferencias pronunciadas durante el año. Pero hasta que eso llegue, si llega, tendremos que conformarnos con estas anotaciones tomadas durante las conferencias y del material que ofrece el Museo de Cádiz y que, por lo menos, quede de esta forma constancia de ellas.

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Bibliografía

Inventario del Museo de Cádiz. Departamento de Arqueología.

Descripción de la pieza del mes. Museo de Cádiz.

Web del Museo de Cádiz

Catálogo de la exposición "Argantonio, rey de Tartessos" Año 2000

domingo, 2 de octubre de 2011

Imaginería de San José (XXII)

En marzo de este año terminaba, aunque no definitivamente, el apartado que he dedicado a la imaginería de San José. Los que me faltaban no tenían fecha de aparición, ya que las iglesias donde se encuentran están en proceso de restauración y quedaba a la espera de su apertura.
Sin embargo, gracias a la exposición “Cádiz, entre Sevilla y Génova” dedicada a la imaginería producida por estas dos escuelas y que se encuentra abierta al público hasta el 12 de octubre en la Casa de Iberoamérica, he podido traer el San José perteneciente a la iglesia de la Divina Pastora y cuyo autor es Benito de Hita y Castillo, obra fechada en 1753.
Además de ir completando este apartado, la exposición me ha permitido fotografiarlo a una distancia que nos va a permitir disfrutar de esta talla muchísimo mejor que en su ubicación normal, a una cierta altura, formando parte de la imaginería del retablo mayor.
Ha sido una de las piezas escogidas, representativa de la escuela sevillana, ya que el escultor Benito de Hita y Castillo tiene una importante trayectoria que ha hecho que su obra se encuentre en varios puntos de la geografía española.
En Cádiz tenemos una importante representación de su obra en varias iglesias. Concretamente en la iglesia de la Divina Pastora, además de este San José, hay que añadir las demás tallas del retablo mayor y la de los retablos laterales.

Otra obra suya es la Virgen de los Ángeles de la parroquia del Rosario y cuenta también con varios encargos en el convento de Santa María, para la capilla del Nazareno. En esta capilla aunque podemos disfrutar actualmente parte de ese trabajo, desgraciadamente se perdieron dos tallas que fueron quemadas en el año 1936; un San José que presidía su retablo y la dolorosa de la cofradía del Nazareno.

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